
El tema de la elección de sede para que se juegue la final de la Copa Davis de tenis se pareció más a una disputa del ámbito de los negocios y la política que a un mero tema deportivo.
No soy tan ingenua como para ignorar los intereses que se crean alrededor de este tipo de eventos deportivos: millones de pesos en lo referente a derechos de televisación, venta de entradas, sponsors, y sobre todo, mucha visibilidad y exposición. Precisamente este último punto ofrece la plataforma ideal para que cualquier ciudad o localidad genere más riqueza atrayendo inversores y fomentando el turismo. Es un ida y vuelta.
En este caso además de los directivos de la federación internacional de tenis, los funcionarios y los sponsors se sumaron los jugadores, especialmente David Nalbandian, quien de alguna manera asumió la defensa natural de la ciudad de Córdoba y el Orfeo como lugar donde "debía" jugarse la instancia final de Copa Davis frente a los españoles. La imparable y hasta podría decirse que en momentos irracional defensa que Nalbandian hizo de Córdoba (con desplantes incluidos) frente a la siempre batalladora Mar del Plata fue descarnada. No hacían falta las declaraciones que el tenista hiciera con posterioridad al anuncio de la elección de la ciudad balnearia como sede elegida. Esto solo sirvió para politizar y quitarle transparencia a esta decisión y opacó lo que para Argentina es un importante logro a nivel deportivo pero también la oportunidad para una ciudad que, a diferencia de Córdoba que cuenta con un sector industrial, empresario y comercial muy fuerte, pueda también crecer, hacer lo que sabe y ofrecer lo que puede dar. Mar del Plata es la ciudad anfitriona por antonomasia: tiene experiencia en lo que se refiere a atención a turistas, visitantes, cuenta con instalaciones y hotelería de todo tipo y gusto, tiene una variada oferta gastronómica, belleza natural, cercanía y facilidad de acceso desde Buenos Aires ( lo cual para un evento de estas características es fundamental) y muchas otras cosas que están siendo cada vez más valoradas por quienes tienen que elegir un lugar donde realizar un congreso, convención , evento y también, una gran final de tenis.
Si lo que se juega es una final entre dos países, me pregunto ¿era necesario generar una discusión y alentar una división interna tan marcada?, ¿no es que todos somos argentinos?. Los partidos no se ganan por ventajas extra deportivas, se ganan con estrategia, pasión y esfuerzo. Espero que el público marplatense que presencie los partidos le demuestre al equipo nacional y al resto de los argentinos, que todos tenemos puesta la misma camiseta celeste y blanca. Sin rencores, con respeto y con inteligencia.




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